lunes, 30 de enero de 2012

Moonlight. 5. La Guerra.

Todos despertaron temprano, con la idea de preparar un digno funeral para Sulli, pero se llevaron una ingrata sorpresa, cuando no hallaron el cuerpo de la mujer por ningún sitio de la casa, y Moonlight se percató, primero que nadie, de que ni el Señor Lann o Jullien se hallaban en la casa.
Deambuló un poco perdida por la casa durante todo el día. Jerome quiso saber qué la aquejaba, pero ella no le confió su secreto, principalmente, porque no era suyo.
Cassie, la esposa de Andros, llegó a la casa por la tarde, cubierta de sangre, igual que Sulli, pero con la diferencia de que ésta no era suya. Habían conseguido hacer retroceder a sus invasores, pero estaba segura de que regresarían. Afirmó que los habían atacado con Dragones, y que además emplearon otro tipo de magia sobre el ejército de Akdú. Quiso compartir los detalles con Jullien, y con el viejo Lann, para hallar alguna resolución, y no le sorprendió que ninguno se hallara por ninguna parte.
La guerrera dijo que por ahora la residencia estaba a salvo, pero que no podían descansarse, y que lo mejor sería que avisaran al viejo para emprender la marcha hacia otra región. Los Dragones aguantarían, pero los caballos no, y los humanos tampoco. La reserva de comida se agotaba y el costo de la guerra mataba el caudal de la familia. Su plan era que Lann se marchara junto con la señora Lettie, Paige y su hija mientras las tropas enemigas se restablecían, así que mandó a todos a hacer sus maletas. La casa se revolucionó una vez más pese a que todavía pesaba el luto y cuando por la mañana siguiente apareció el señor Lann (extrañamente malherido) y dijo que sería imposible escapar de las legiones que disponían de los Dragones más feroces y magias desconocidas, los ánimos se apagaron y la desilusión y la frustración se apoderaron de todos.
Mientras eso, Moonlight perdía su tiempo observando las lejanías, en ocasiones podía observarse un intenso resplandor en el horizonte, allí la batalla hervía, pero ella no había conseguido ver Dragón alguno. En realidad había visto muy poco de la batalla. Fuera de la casa, el gran Dragón Negro llamado Hole, esperaba a su Jinete para reincorporarse a la guerra. Moonlight también deseaba poder matar y destruír, y la guerra era la ocasión ideal, la excusa perfecta. Pero lo había arruinado todo por dejar morir a Lleo.
Estúpido Lleo, pensó. Pero no la hizo sentir mejor echarle algunas maldiciones a un difunto.
Por la noche ya, Akdú llegó a toda prisa, para confirmar el escape del viejo Lann y los demás, pero ante la negativa del jefe de familia el sujeto enfureció. Era un persona de carácter difícil aunque no tanto como el anciano. Tenía una forma muy práctica de resolver las cosas, pero ahora, dada la muerte de su hermana, no conseguía ni pensar.
-No puedo abandonar mi casa-
Dijo el viejo, mirando el rostro enrojecido de Akdú, mientras todos los miembros de la casa caminaban a la vuelta con los preparativos para la huída. Moonlight permanecía sentada en el sillón, junto a Paige y Bell, como si fuera una hija más de la primera y una hermana de la segunda.
-Si no te marchas a un sitio seguro, perderás más que tu casa. Estamos sitiados, eso significa que no hay alimentos para mantener a toda la familia viva por mucho tiempo, ¿comprendes, anciano?-
La paciencia del hombre había llegado a su fin y si no arrancaba al viejo del sillón y lo arrastraba hasta su caballo era porque con certeza Cassie se lo impediría.
-Los caballos son lentos, un Dragón nos alcanzaría en un parpadeo.-
Akdú suspiró, en eso tenía razón, pero él y Cassie pensaban que Andros podría despistar a los Dragones con ataques mágicos, era su fuerte. Entonces reparó en la  niña que se sentaba junto a la pequeña Bell, la misma se comportaba de manera tal que ya la tomaban por humana.
-Tienes a esa Dragona.-
Respondió Akdú y todos los presentes clavaron sus miradas en la chica que respondió frunciendo el ceño. La idea no convencía a nadie, después de lo que había pasado con Lleo, nadie confiaba en las aptitudes de Moonlight, pero como en este caso sólo necesitaban un transporte más ágil y más veloz que un caballo, la pequeña era ideal.
Fijaron la hora de salida al amanecer, y aunque nadie pegó ojo en toda la noche, sólo Moonlight, sentada en el marco de la ventana de su habitación y observando el territorio lejano de batalla, pudo notar que el cielo comenzaba a arrojar rastros  de… ceniza. Ella extendió una de sus manos y comprobó lo que aquello era, echando un vistazo a su alrededor, notó también de dónde provenía, mientras una enorme figura blanca, recortada por la profunda oscuridad de la noche sobrevolaba la casa de los Lann.
Con un salto, corrió por el pasillo, despertando primero a Cassie y luego al viejo Lann, mientras la voz de alarma se esparcía con velocidad y mesura, para no alertar a los enemigos. Descendieron todos por el sótano y caminaron por entre los túneles hasta salir al descampado jardín. Cassie se había quedado en la casa, pues con la ayuda de Hole pensaba distraer al Dragón Blanco y cualquier otra posible amenaza.
Moonlight volvió a su forma original tras semanas de no haberla empleado y Akdú ayudó a toda la familia a subir. El viejo Lann, Paige, Bell y la señora Lettie, acompañados por Jerome, montaron sobre la Dragona que sin detenerse en despedidas montó vuelo hacia una dirección desconocida para casi todos, menos el viejo Lann.
Se alejaron mientras observaban el lugar donde una hermosa mansión solía deslumbrar a los visitantes y ahora una inmensa hoguera lo cubría todo,. Alrededor, tres grotescas figuras giraban como en un aquelarre.
Aún era de noche cuando notaron que los seguían. La primera reacción de Moonlight fue hacerle frente a sus enemigos, pero Jerome no se lo permitió y ésta accedió a continuar el viaje, no sin antes lanzarle unas cuantas imprecaciones, como era su mala costumbre.
El alba los sorprendió mientras atravesaban las montañas y la luz del sol sólo consiguió acentuar sus síntomas de cansancio y nostalgia. A media tarde fue evidente que los que los seguían no tenían intenciones de dialogar, en realidad, no tenían ninguna buena intención. Un extraño rayo de electricidad dio en una de las patas a la Dragona, que había conseguido moverse a tiempo para evitar que el impacto diera con su ala izquierda. La amenaza estaba tan cerca que ella podría olerlo, si quisiera.
-No es un Dragón Blanco el que nos sigue.-
Comentó Jerome para el que le importara oír su brillante observación de colores, pero nadie entendía, para él no daba lo mismo un Dragón a otro. Todos eran diferentes, según su origen y color.
-Piérdelo.-
Le ordenó el señor Lann y Jerome sólo pudo hacer una mueca como única respuesta, perder un Dragón no era tan sencillo si llevabas tres pasajeros... Estaba claro que no conseguía librarse de los jefes autoritarios y poco comprensivos. Sin dudas el viejo no tenía mucha idea acerca de las guerras.
Bueno, Jerome tampoco, su especialidad era la caza, no la guerra. Él sólo servía armando estrategias para capturar… Una idea centelleó en su cabeza y al proponerla, por más que sonaba un poco estúpida y por demás arriesgada, nadie objetó en contra de su decisión de cazar al Dragón que les seguía el paso.
-No es lo mismo uno adiestrado, entrenado y acostumbrado a los humanos que uno salvaje y sin conocimientos de cómo actuamos.-
Le recordó el viejo, mientras Jerome desenlazaba la cadena que a Moonlight le provocaba pesadillas durante sus escasas noches de sueño (a veces incluso durante la vigilia).
Cazador y bestia se despidieron con una breve inclinación de cabeza y el primero procedió a esconderse, mientras la segunda seguía las instrucciones del señor Lann.
No había tenido mucho tiempo para conocer realmente a aquel hombre que la había burlado en dos ocasiones y al que ahora servía con desgana, no porque le agradara, sino por respeto. No hablaban mucho, pese a que hacía algunos años que ambos servían a la casa y que tenían muchas cosas en común, la razón principal era porque a Moonlight no le interesaba relacionarse seriamente con nadie.
-Ese sujeto es un suicida.-
Comentó el viejo mientras negaba ligeramente con la cabeza. La pequeña Bell lo observó con cara de no entender nada. Cuando la Dragona llegó a la casa, la criaturita tenía apenas tres años, ahora ya rondaba los ocho, pero seguía siendo la más pequeña.
-Ese Dragón no es lo único que nos sigue, estoy seguro.-
Moonlight no entendía cómo aquel anciano medio chocho podía siquiera ver más allá de su nariz y estaba diciendo que podía notar algo que ella y el cazador, seres entrenados para ver más allá que un ser humano normal, no podían ver. Le pareció algo ridículo, pero se retractó en cuanto una fuerza invisible la obligó a detenerse, desequilibrando su vuelo y tirándola al suelo, con todos sus pasajeros.
El señor Lann fue el primero en ponerse de pie, mientras Bell ayudaba a su madre a pararse, y Moonlight remontaba vuelo, pese al grito de advertencia del viejo. Un hombre de edad ya avanzada, pero visiblemente más joven que el señor Lann montaba sobre alguna clase de bestia. No era un Dragón, pues tenía plumas, y según los libros que con lamentada displicencia la Dragona había leído, aquello podría tratarse de un grifo o algo similar: un ave gigante con pico y lo suyo, pero cuyo cuerpo se asemejaba más al de un león.
La Dragona atacó con una llama de color índigo cuya esencia era mayormente veneno. El sujeto sobre el grifo asintió con la cabeza y sonrió, como si evaluara a la criatura que tenía enfrente, irritando a la bestia que volvió a atacar tantas veces consecutivas como le fue posible, sin que ninguno de sus ataques tocara destino. Algo detenía su veneno antes de alcanzar un objetivo, pero no pudo seguir intentando ataques, porque unas estacas de hielo aparecieron de la nada, incrustándosele en el pecho, alas y cara con vehemencia.
Una vez más, perdió el equilibrio y su cuerpo tocó suelo. El viejo Lann susurró unas palabras sobre el cuerpo herido y las estacas desaparecieron, pero las heridas permanecieron abiertas.
-Vamos, Moonlight.-
Ordenó el anciano y la chica se levantó con él montado entre sus alas. La idea del anciano era atacar al sujeto mientras la chica eludía sus golpes, o ese era su plan, al menos. Lo cierto es que le costaba mucho mantener el equilibrio sobre un Dragón y además ocuparse de atacar, de modo que mientras sus atacantes cansaban a Moonlight, él no podía más que aferrarse a cuatro manos del cuello de la misma.
Ella no descansaba, tenía tantos años de cortesía acumulados que daba lo mismo si debía volar toda la noche o todo el mes evitando los ataques del enemigo, en principio no estaba cansada, pero a medida que pasaba el tiempo sus ataques perdían intensidad y la frustración aparecía al no conseguir romper la barrera de su adversario, de modo que decidió detenerse e intentar resistir los ataques, para darle la oportunidad al viejo de atacar y comprobar si éste podía vencer la defensa invisible.
El señor Lann levantó su cabeza e intentó derribar al enemigo, pero los golpes no cesaban y Moonlight no podía resistir los azotes sin moverse del lugar, lo que hacía que el viejo se le prendiera a su cuello como encadenado. Entonces la Dragona decidió acercarse y usar su cuerpo como ataque. Una pared invisible detuvo el vuelo de la chica, pero ésta venía preparada para resistir el impacto, de modo que continuó empujando, con el afán de penetrar la defensa, por supuesto, pero cuando parecía que algo sucedería, el sujeto que montaba sobre el grifo lanzó una llamarada que dio de lleno en su rostro, quemándole los ojos, aunque esto no amedrentó a la bestia, sino que continuó empujando y con mayor violencia.
La barrera cedió y la mandíbula de Moonlight se cerró sobre el cuello del grifo, mientras aquel desprendía las escamas de la Dragona en la parte del pecho, zona más vulnerable para la especie, produciéndole varias heridas sangrantes.
En la pugna, el viejo Lann perdió el equilibrio y se precipitó hacia el suelo, la Dragona se lanzó en su búsqueda pero éste dio contra las rocas antes de que lo alcanzara, decorando con una gran mancha escarlata la superficie peñascosa de la montaña.
El sujeto y su grifo, que ahora desandaba por el veneno administrado por los letales colmillos, le siguieron el paso, lanzándose hacia ella. La chica se alejó a toda prisa, intentando tomar altura, pues cuando el veneno tomara al animal, el sujeto que montaba sobre él también caería, pero el objetivo de sus enemigos no cambió: continuaron avanzando hacia el anciano, y una vez que se detuvieron a su lado, el individuo recogió la bolsa del abuelo y extrajo de ella unos pergaminos, enviando una sonrisa de satisfacción hacia la dragona, que entendía menos que poquito.
-Estos son los causantes de la guerra.-
Anunció, mostrando los papeles que pertenecían al abuelo. ¿La guerra fue por unos simples papeles? Ira, eso fue lo que provocó. Las montañas comenzaron a temblar, y la mirada del sujeto adquirió un matiz de preocupación. El grifo yacía  dormido por el veneno junto al cadáver del abuelo. Las montañas comenzaron a arrojar rocas cada vez más grandes. Una, después otra, y otra más. Moonlight cogió altura y desde allí observó como el abuelo, el Grifo y el humano desconocido desaparecían bajo una nube de polvo, rocas y el rugido de la montaña.
Entonces recordó a Bell y a su madre, la cual era ciega, que también estaban en esa montaña. Se precipitó en busca de las dos féminas, pero no las halló, temiendo haber sepultado a dos personas vivas que además jamás le habían provocado daño alguno, comenzó a desenterrar algunas rocas.
Por más que buscaba y rebuscaba, los cuerpos de la pequeña y su madre no aparecían. Recordó la posición en la que estaban y de haber permanecido allí, sería imposible rescatarlas con vida. Tampoco siguió buscando entre las rocas. No tenía curiosidad por saber de qué trataban aquellos pergaminos, o mucho menos, pero al acabar la jornada y ocultarse el sol, pudo percibir un ligero sollozo, que si no le fallaba la memoria, y sin dudas no era así, era Bell quien lo producía.
Buscó la procedencia del sonido y halló el cuerpo de la niña, abrazada a su madre, que había sido parcialmente aplastada por una roca.
-¿Está muerta?.-
Lloró la niña, y Moonligt no tuvo delicadeza para decirle otra cosa más suave o mejor explicada que la verdad sin el mínimo de tacto. Sacó a la niña de aquella cueva que se había formado por el derrumbe y se dirigía de regreso a la mansión cuando Bell le recordó que huían de ahí, que si regresaban entonces salir no habría tenido sentido.
La situación por detrás era que Moonlight no sabía hacia dónde ir, no conocía a nadie, sus hermanas habían desaparecido y la única persona que tenía la dirección del viaje estaba sepultado bajo una montaña… Se preguntó si Jerome seguiría con vida, pero la niña se negó a ver otro muerto, sugiriendo viajar a oriente y visitar a la tía que hacía pasteles y los enviaba para las fiestas. No era una mala idea para la Dragona porque si había algo que no toleraba bien, era el hambre.

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